La cría del chihuahua

Aquellos que desean empezar con esta maravillosa raza habrán escuchado que la cría del chihuahua es ciertamente complicada, aunque más bien deberíamos definirla como una ardua carrera de obstáculos. Dado a su pequeño tamaño y a sus grandes cabezas amanzanadas, los partos suelen ser difíciles y en un porcentaje muy alto se requiere de una cesárea a tiempo. Pero antes incluso de pararse a pensar en estas vicisitudes hay que plantearse lo primero y más importante: encontrar un buen veterinario, y que además se encuentre cerca de donde vivimos.

Una vez hayamos dado con la persona adecuada nos surgirá la duda acerca del tamaño que debería tener nuestra futura hembra. No es aconsejable criar con perritas excesivamente pequeñas, ya que suelen correr mayor riesgo durante la posible intervención con la anestesia; por ello lo ideal es que la futura mamá alcance al menos los 2kg-2,500kg de peso. Otra idea muy extendida es que si cruzamos una hembra con un macho más pequeño que ella, ésta parirá sola sin problemas; craso error. Nunca se tiene en cuenta que los cachorros podrían heredar genes de algún abuelo o bisabuelo de mayor tamaño, y por tanto, que podría nacer dentro de dicha camada algún cachorro más grande o más pequeño, dificultando que la madre pueda dar a luz con normalidad. Para que se dé el maravilloso caso de un parto natural tienen que darse todos los factores que permiten que la perra para sin ayuda (que dilate bien, que no se agote durante el parto, que los cachorros se coloquen adecuadamente…). Por lo tanto, no podemos dar por hecho ni en el mejor de los casos que buscando un semental diminuto, nuestra perrita parirá sin contratiempos. Muchos propietarios con chihuahuas muy pequeñas escogen cubrirlas con machos aún menores que ellas para “asegurarse” un supuesto parto natural que normalmente termina en cesárea, obteniendo como resultado muchas veces camadas desastrosas con cachorros excesivamente pequeños que mueren al poco de nacer, o que suelen padecer problemas graves de hidrocefalia, raquitismo, enanismo, o de corazón.

Los criadores que llevan ya años seleccionando y criando chihuahuas han constatado que la raza en sí es compleja y que no hay forma de asegurar al 100% que nuestra perrita se libre de pasar por el quirófano; ya que además no hay dos partos iguales, y aún repitiendo un cruce exitoso podríamos encontrarnos con que nuestra perra tiene problemas en el siguiente, o a la inversa (perras que han parido solas pueden necesitar de cesárea, y otras con alguna cesárea hecha pueden parir después solas con normalidad). Por eso siempre es preferible cruzar con un macho correcto y típico que pueda mejorar a nuestra hembra, antes que montarla con otro con claros defectos de estándar sólo porque pesa 500 gramos menos…

Una vez hecha nuestra elección, llega el momento de la monta (la cual haremos cuando la perra se muestre receptiva al macho, a partir del 9º día aproximadamente desde que empiece a sangrar). Muchos pensarían que dicho acto no debería suponer un esfuerzo, pero ignoran que aunque el chihuahua es un perro que suele montar muy bien de forma natural, no son pocas las ocasiones en las cuales necesitan nuestra ayuda, e incluso hasta de inseminación artificial. Es por ello que recomendamos a los propietarios inexpertos que se dejen aconsejar por el criador y el veterinario y se armen de paciencia cuando la cosa parezca complicarse. No hay que olvidar tampoco apuntar los días en que se produjo la cubrición, ya que esto nos será de gran ayuda para poder calcular la fecha aproximada del parto.

Si todo ha ido bien y nuestra perrita se queda preñada (cosa que debemos constatar lo antes posible alrededor del mes-mes y medio de gestación mediante ecografía), nos pondremos en manos del especialista para hacer el seguimiento oportuno. Generalmente se les suele cambiar su pienso habitual por otro de cachorro de alta gama, y no está de más un aporte extra de acido fólico (vitamina B9) para prevenir malformaciones.

La gestación puede ir de 58 a 63 días, y notaremos que conforme se acerca la fecha del parto, la perra estará más tranquila. Es importante que cuando llegue el momento la dejemos reposar y la observemos pacientemente para controlar las contracciones y determinar si aumentan y la perra da a luz, o si por el contrario van en detrimento, en cuyo caso es posible que tengamos que acudir al veterinario. Cuando la perra está de parto la temperatura suele descender (37-38ºC, cuando lo normal es que ronden los 39ºC), y notaremos que cambia totalmente su comportamiento (se ponen más nerviosas, rascan y muerden la cama, jadean, lloran, liberan leche de las mamas…). Siempre es aconsejable esperar un tiempo prudencial para asegurarnos que nuestra perrita ha tenido oportunidad de parir y no precipitarnos y llevarla a hacer cesárea antes de tiempo, pero tampoco es bueno esperar demasiado si por ejemplo observamos que empieza a expulsar líquidos verdes; ya que esto nos indicaría que las placentas se están desprendiendo y se está empezando a producir sufrimiento fetal.

Hay que señalar que pese a la cirugía y al riesgo que ésta supone para la madre, los cachorros por el contrario suelen tener mayor posibilidad de morir durante un parto natural que con una cesárea. De una forma u otra, es imprescindible tengan calor desde el primer momento (manta eléctrica, alguna bombilla especial, incubadora, etc…), ya que esto ayudará a estimularlos y a que quieran buscar los pezones de la madre; y a la perra (en especial si ha tenido que ser intervenida) tampoco le vendrá mal para esperar a la subida de la leche (entonces aumentarán los jadeos y las mamas se inflamarán y se llenarán). Las primeras 24 horas serán cruciales y los cachorros deben tomar los calostros de la madre para adquirir las defensas necesarias, pero si todo va bien y se enganchan solos, casi podremos respirar tranquilos. Aun así, muchas veces nacen sin fuerza o algo prematuros y pueden necesitar ayuda; en cuyo caso tendremos que alimentarlos bien con biberón (con cuidado de que el agujero no sea demasiado grande para que la leche no se les vaya a los pulmones), bien con sonda (sistema algo más complicado, pero mucho más seguro para prevenir una posible neumonía por aspiración o asfixia). A su favor debemos decir que por fortuna las chihuahuas suelen ser excelentes madres, y es rara la ocasión en la que nos encontramos con perras que no lamen y estimulan a sus crías o con falta de leche (que también las hay).

El número de cachorros por camada suele ser de una media de dos a tres, (considerándose éste número ya un parto exitoso), aunque puede haber camadas de un único cachorro, y otras de cinco u ocho como casos excepcionalmente raros. Una vez destetados hay que extremar precauciones para prevenir las posibles hipoglucemias (ya que el chihuahua es muy dado a sufrirlas durante los primeros meses de vida), vigilando que coman lo necesario y ofreciéndoles algún alimento que ayude a combatirlas (petit suise natural azucarado).

A toda esta aventura tras largas noches de desvelos se le suman las bajas de cachorros que mueren asfixiados por haber tragado demasiado líquido amniótico, de otros que nacen prematuros y mueren por inmadurez pulmonar, por un mal manejo durante su alimentación con el biberón o la sonda, porque tengan algún tipo de problema (paladar hendido, malformaciones, etc…), y algunos más que pueden sucumbir durante el destete a causa de una bajada de azúcar no cogida a tiempo. Sin llegar a entrar en detalles ni catastrofismos, afirmamos que esto es lo normal, y en líneas generales lo que nos encontraremos durante la crianza de estos pequeños canes. Sin duda alguna, más de un principiante desiste tras sus primeras camadas, ya que requieren mucha dedicación y sacrificio, pero a pesar de todo esto y de que el camino de la cría del chihuahua no es ni por asomo un lecho de rosas, confesamos que al final todos los esfuerzos merecen la pena a cambio de disfrutar de la maravillosa compañía de este pequeño gran perro.

Artículo cedido por Natividad Ballesteros (Los Reyes del Nueve), publicado en la revista de El Mundo del Perro (espacial de la raza en el 2011)